Rapa Nui 2025: Tras el Misterio del Hombre Pájaro y La Voz de Chintamani

Desde que viajamos a España, específicamente en el 2024 junto a un comprometido equipo compuesto por amigos de múltiples países, algo había quedado pendiente. En nuestro último y más reciente reporte mencioné cómo Aimana, una de las cosmonautas que guían el trabajo que se realiza, dejó una invitación totalmente inesperada hacia la mal llamada “Isla de Pascua”, la cual mencionaré de aquí en adelante con su verdadero nombre: Rapa Nui.

Le doy su denominación como “inesperado” pues no era un lugar que estuviese dentro de una lista de sitios deseables de explorar —desechando todo tipo de sugestión—; más bien, estaba dentro de los lugares donde casi no tenía interés alguno.

Pero Aimana, una vez más, dictó sus propias condiciones, pues la utilización del símbolo de Chintamani, el que podemos hallar en la Bandera de la Paz, fue lo sugerido para sellar el Aneto. Destaco que no es que tengamos el poder de hacer aquello; más bien, sólo se realiza una promoción del ejercicio que una importante jerarquía cósmica ejecuta. Quienes leyeron el mencionado artículo saben a quién me refiero. Si no lo han hecho, recomiendo leerlo para estar en contexto.

Aquella cosmonauta o crononauta (viajeros del tiempo) dijo que había aspectos técnicos que justificaban el uso de aquel símbolo, que por cierto va mucho más allá del significado espiritual o —en algunos casos— dogmático que cada uno desee darle. Y que estos sólo serían entregados en Rapa Nui.

Debo aceptar que me costó asimilar aquello, pues ¿por qué hacernos ir a un pequeño trozo de tierra en medio del Pacífico? Y no es exageración, porque realmente es una “mota de polvo” en medio del océano más grande del planeta. Es más, algunos análisis de probabilidades indican que es más fácil hallar una aguja en un pajar que este enigmático espacio geográfico en el mar.

Sea como fuese, por alguna razón era el espacio seleccionado por Aimana para la recepción de esa parte faltante. Pero, como siempre sucede, había aún más…

No fue hasta enero del 2025, en medio del terreno del Centro Roerich en Capilla del Monte, Argentina —y ahora tiene hasta cierto sentido simbólico— cuando llega la invitación. Aimana indica: 17–22 de septiembre del 2025.

Posteriormente, me cae la ficha. Conversando con Felipe Astorga, un gran amigo e incansable viajero, desde hace mucho se tiene conocimiento de que en Rapa Nui podría hallarse uno de los fragmentos de aquella sagrada reliquia. No sé qué piensen, pero estoy convencido de que, si deseas una información importante sobre un tema puntual, debes ir a la fuente y, si se trataba de un fragmento de este artilugio, pues donde esté es idóneo.

Por lo tanto, este viaje dejaba de ser una indicación desconcertante, volviéndose un asunto más lógico de lo que había captado antes.

En síntesis, y hasta donde puedo entender, había razones técnicas para usar el símbolo de Chintamani como una especie de Sellador Cósmico, con su propio promotor —que no somos nosotros—. Además, para comprender esto, sólo sería entregado en Rapa Nui por Aimana, aunque esto último no fue del todo exacto y lo comprenderán a medida que avancemos.

Y ¿qué mejor lugar que un espacio donde se podría localizar uno de los fragmentos de la reliquia?

Fue así entonces como el viaje inició. La fecha era muy compleja, pues coincidía con las fiestas patrias chilenas, las que se extienden por varios días, mismo periodo en el que las aerolíneas y empresas de transporte elevan los costos considerando la mayor demanda de viajeros.

Esto puso el asunto en un espacio de incertidumbre, pues la estadía en la isla no es un asunto menor: es de altísimo costo. Entonces decidí esperar a las señales.

Casi de forma instantánea, un amigo tuvo un sueño mencionando que las aguas de Orongo debían ser purificadas, y otra amiga sintió que debía retornarse. Quedé en una sola pieza… Me animé a compartir lo de Aneto y la indicación de ir a la isla con este amigo, quien no conocía lo que se había realizado en España.

Días después, acompañando a mi cuñado a buscar a mi sobrino donde su novia, al subir a su vehículo y encender la radio, música Rapa Nui comenzó a sonar. Él quedó impactado porque no es música que oye, y sus emisoras favoritas reproducen otros géneros musicales, las que quedan siempre establecidas al reiniciar el equipo. Podría ser un fallo del software del dispositivo, ensayando la tan mal usada y abusada Navaja de Ockham. Un muy sugerente error, por cierto. Además, es importante señalar que él no tenía la menor idea de todo este asunto.

Entonces, ante el peso de las anomalías probabilísticas, me animé a buscar tickets aéreos, los que —para mi sorpresa— estaban extremadamente baratos considerando la época: unos $300 USD.

Los compré de inmediato, aunque no había quien me acompañase.

Por cosas del “destino”, Joaquín y Diego Vasta pudieron sumarse a la travesía, pues el viaje que tenían planificado sufrió complicaciones de último momento. No estaba exento de problemas, porque los pasajes habían subido a $800 USD, pero al siguiente día de decidir viajar, estos bajaron a los mismos precios que yo había adquirido.

No, no fue el algoritmo que usa las cookies. Para desgracia del difamador de turno, conozco al desarrollador backend que programó este algoritmo en la empresa de la aerolínea. La programación está hecha para que siempre te muestre el mayor precio disponible luego de tu primera búsqueda, y no al revés.

Pues bien, la segunda parte era buscar un guía, pues luego de la pandemia del COVID-19 se tomó la determinación de que en casi todos los circuitos turísticos de la isla debía contarse con un guía local certificado. Conseguimos uno, el cual no fue el idóneo y al que renunciamos días antes del viaje. Pero por “fortuna” hallamos a otro que es el guía con mayor experiencia en cuevas de la isla.

De las cuevas explorables, él ha recorrido al menos unas 700 según su versión, y en casi una veintena ha experimentado los misterios del mundo subterráneo. Nada es azar, por supuesto.

Dentro de todo el circuito planificado, y por culpa de Álvaro Valenzuela y Nerea Ocaranza, grandes amigos, me había enterado hace un tiempo de la existencia de Vai a Heva, sin ser capaz de dimensionar lo que iba a sobrevenir luego de la información que ellos me compartieron.

Contar con Lalo (Eduardo) era imperante para ingresar a los dominios de Ana o Keke, popularmente conocida como la Cueva de las Vírgenes, la cual no es accesible y es muy compleja de hallar. Fue importante porque es aquí donde se pueden oír los susurros de Chintamani, y entenderán el porqué. Cabe destacar que visitar esta cueva fue una instrucción explícita.

Pero todo esto lo revisaremos más adelante; lo comprenderán.

Advierto también que, en cada punto a tratar, mencionaré lo que históricamente se conoce y lo que la “piedra dios” (quedará en claro el por qué de esta denominación) nos “mostró” en la experiencia al interior de Ana o Keke. Demás está decir que la gran mayoría es indemostrable, pero la evidencia histórica junto a las canciones de la cultura entregará ciertos indicios que harán más plausibles cada punto a exponer. Cada uno de ustedes tomará lo que le haga sentido; lo demás, déjelo. Probablemente esto será lo más contactista que se publicará.

Además, no está fuera de lugar destacar que no viajamos para hacer turismo esotérico ni nada parecido. Estuvimos allí siguiendo un hilo secuencial de sucesos, instrucciones confirmadas bajo ciertos estándares que permiten revisar, sentir y conectar con el lugar; empaparnos de toda la historia conociendo datos muy interesantes; y lo que pocos —o tal vez ningún— investigador hace: revisar una amplia colección de experiencias de otros grupos de contacto.

Todo esto nos permitió recorrer lugares que muy pocos investigadores del misterio visitan, por no ser populares —infiero—, y desmitificar varios puntos que ponen en relieve todo lo que se ha compartido hasta el momento, aunque suene muy pretencioso de nuestra parte.

 

Historia de la Isla

Rapa Nui —más conocida internacionalmente como Isla de Pascua— es una pequeña isla volcánica en medio del Océano Pacífico Sur, famosa por sus moáis y por preservar una de las culturas polinésicas más singulares del planeta.

Se le llama Isla de Pascua porque los europeos la avistaron por primera vez el día de Pascua de Resurrección. El navegante neerlandés Jakob Roggeveen llegó a la isla el 5 de abril de 1722, fecha que en el calendario cristiano correspondía al Domingo de Pascua. En su registro la nombró en neerlandés como Paasch-Eyland (Isla de Pascua), nombre que luego fue traducido y difundido en español y otras lenguas europeas.

El nombre Rapa Nui, en cambio, es el nombre propio y nativo polinésico, usado por sus habitantes y hoy preferido en ámbitos culturales y científicos.

El significado exacto de Rapa Nui no es completamente seguro —como ocurre con muchos topónimos antiguos—, pero existen dos interpretaciones principales dentro de los estudios polinésicos:

“Rapa grande” / “La gran Rapa”

  • Rapa es el nombre de otra isla polinésica: Rapa Iti (“Rapa pequeña”), en el archipiélago Austral.
  • Nui en polinésico significa “grande”. Por tanto, Rapa Nui = “Rapa grande”, en contraste con Rapa Iti. Esta hipótesis sugiere que los marineros polinésicos provenientes de esa región, al encontrar esta isla más grande, la nombraron así.

Algunos lingüistas y etnógrafos plantean que el nombre Rapa Nui podría no ser el nombre original preeuropeo, sino un etnónimo y topónimo adoptado durante el siglo XIX, cuando navegantes tahitianos y otros polinesios recontactaron la isla y aplicaron un nombre comprensible dentro de su propia cartografía cultural: Rapa Nui / Rapa Iti.

¿Y el nombre nativo anterior? En fuentes orales y registros antiguos aparece también Te Pito o te Henua, que suele traducirse como:

  • “El ombligo del mundo”.
  • “El extremo / el fin de la tierra habitada”.

Esto alude tanto a su aislamiento geográfico como a su carácter sagrado.

Rapa Nui es un nombre de origen polinésico, aunque no necesariamente el más antiguo. El antiguo nombre local fue Te Pito o te Henua, “el ombligo del mundo”.

Tal como mencioné, es un pequeño trozo de tierra ubicado a más de 3.500 kilómetros de Sudamérica. Está bajo el control de Chile desde 1888. Geográficamente forma parte de la Polinesia —no de Sudamérica— junto a Hawái y Nueva Zelanda, con los que conforma el llamado Triángulo Polinésico.

Moais al interior del volcán Rano Raraku, siglo XIX . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile. Accedido en 30-04-2026.

 

Geografía

Es una isla volcánica ubicada en el océano Pacífico sur, perteneciente a Chile. Se encuentra aproximadamente a 3.700 km del continente sudamericano y a unos 2.000 km de la isla habitada más cercana (Pitcairn), lo que la convierte en uno de los territorios habitados más aislados del mundo.

Tiene una superficie aproximada de 163,6 km² y una forma triangular definida por tres macizos volcánicos:

  • Maunga Terevaka: el más reciente y punto más alto, con 507 metros sobre el nivel del mar.
  • Rano Kau: con un gran cráter de aproximadamente 1,6 km de diámetro, que alberga una laguna interior.
  • Poike: el más antiguo geológicamente, con relieves más erosionados.

Otros elementos geográficos relevantes:

  • Rano Raraku: cantera volcánica donde se tallaron cerca del 95% de los moáis.
  • Rano Aroi: cráter con humedal de importancia ecológica.
  • Costa: mayoritariamente rocosa, con pocos sectores de playa; destaca Anakena, una de las principales.
  • Hidrografía: no existen ríos permanentes; el agua proviene de lluvias, napas subterráneas y lagunas crateriales.

El clima es subtropical marítimo, con temperaturas medias anuales entre 18 °C y 24 °C. Las precipitaciones rondan los 1.100–1.500 mm anuales, distribuidas durante todo el año, aunque con mayor intensidad en invierno.

Originalmente la isla estuvo cubierta por bosques, incluyendo la palma endémica Paschalococos disperta. Su desaparición provocó erosión del suelo, pérdida de biodiversidad y cambios en el uso del territorio.

Mapa Rapa Nui. Instituto Geográfico Militar de Chile

 

Etnografía

Los habitantes originarios son los Rapa Nui, un pueblo polinésico con lengua propia: el rapanui, emparentado con lenguas de islas como Tahití y Samoa.

La sociedad ancestral se organizaba en clanes y jefaturas, profundamente ritualizada en torno al culto a los ancestros y al poder sagrado (mana).

Son célebres por haber erigido los moáis, colosales estatuas talladas en toba volcánica, concebidas como representaciones de antepasados que brindaban protección y prestigio.

Tras el período de los moáis surgió el rito del Hombre Pájaro (Tangata Manu), un complejo ceremonial asociado al islote de Motu Nui.

 

Mitos y Leyendas

Es importante destacar algunos datos que pueden ser relevantes, pues si bien se piensa que en Rapa Nui podría existir un fragmento de Chintamani, no se cuenta con información que sea tácita. No obstante, como señalé al inicio, relatos —o canciones— mencionan ciertos elementos que aluden a una reliquia que Hotu Matu‘a traía consigo. Es necesario poner esto en contraste con otras historias que podrían tener un origen común.

A continuación comenzaré a desarrollar información que fue divulgada en su momento y que el artista y pensador ruso Nikolái Roerich representó simbólicamente en una bandera: la Piedra de Chintamani. Esta piedra es mencionada en antiguas narraciones budistas e hinduistas, donde se le atribuyen cualidades sagradas y un origen trascendente.

El objetivo de este apartado es evidenciar las similitudes que presenta este símbolo en diversas culturas. Si bien su denominación varía según la tradición, las descripciones asociadas a la piedra comparten rasgos notablemente similares, lo que sugiere la existencia de un arquetipo común presente en distintos sistemas míticos y espirituales.

Según informaciones provenientes de relatos de contacto, la piedra habría sido separada en tres fragmentos, más una cuarta parte que actuaría como elemento unificador. De acuerdo con estas versiones, las ubicaciones de dichos fragmentos serían la Isla de Pascua, Paititi en Perú, la Antártida y la “piedra madre”, situada en el Nevado Sajama, en Bolivia.

Es importante aclarar nuevamente que esta información se basa en mensajes atribuidos a experiencias de contacto extraterrestre. No obstante, resulta relevante señalar que el propio Roerich también alude a la idea de un fragmento móvil de la piedra, el cual recorrería el mundo recolectando información y anunciando grandes cambios históricos. En sus palabras: “una parte de la piedra está recorriendo la Tierra, manifestando el nuevo tiempo y los mayores acontecimientos mundiales”.

El objetivo de este análisis es intentar “rastrear” posibles apariciones de estos fragmentos a lo largo del tiempo. Para ello, se propone examinar narraciones míticas, históricas y simbólicas que mencionan piedras con características similares a las descritas tanto por Roerich como por los mensajes de contacto, con el fin de identificar patrones recurrentes y posibles correspondencias interculturales.

Deseo añadir que durante nuestro más reciente viaje de expedición a la Isla de Pascua recibimos la información de que el Chintamani sería identificado como el Agua primigenia, un principio originario asociado al comienzo de la creación.

Egipto – La Piedra Benben

En la mitología egipcia se relata que la piedra Benben era una colina o montículo primordial que emergió de las aguas caóticas originales, conocidas como el Nun. Este elemento sagrado era venerado en el templo solar de Heliópolis y estaba íntimamente asociado al dios primordial Atum, quien se manifiesta sobre la Benben como acto inaugural de la creación del mundo.

Grecia – El Ónfalo

Según la tradición mitológica griega, el Ónfalo era una piedra sagrada que Cronos devoró creyendo que se trataba del recién nacido Zeus, quien había sido ocultado para evitar su destino. Posteriormente, ya convertido en soberano del Olimpo, Zeus envió dos águilas desde los extremos opuestos del cosmos; el punto en el que ambas se encontraron fue señalado como el centro del mundo, lugar donde fue depositado el Ónfalo. Esta piedra, símbolo de origen y orden cósmico, suele representarse con forma ovoide o de medio huevo, aludiendo a la gestación primordial y al nacimiento del cosmos.

Tradición judía (Talmud y Midrash) – La Piedra Fundacional

En la tradición judía, particularmente en textos talmúdicos y midráshicos, se menciona una piedra primordial a partir de la cual se habría estructurado el mundo. Según una formulación tradicional derivada del Talmud:

“El mundo no fue creado hasta que Dios tomó una piedra llamada Even ha‑Shetiyá y la arrojó a las profundidades, donde fue fijada desde arriba hasta abajo; desde ella se expandió el mundo. Es el punto central del mundo, y en ese lugar se erigió el Sancta Sanctorum”.

En la tradición mística posterior, esta piedra es identificada con la Piedra Fundacional del Monte del Templo, considerada el eje del mundo y el punto de contacto entre cielo y tierra. Algunas interpretaciones la asocian también con la piedra sobre la cual Jacob apoyó su cabeza cuando tuvo la visión de la escalera que unía ambos planos (Génesis 28).

Otras tradiciones midráshicas relacionan la Even ha‑Shetiyá con el control de las aguas primordiales caóticas (teḥóm), concibiéndola como el elemento que estabiliza el caos acuoso previo a la creación.

Islam (hadices) – La Piedra Negra

En la tradición islámica, según los hadices, una piedra descendió del Paraíso y fue entregada a Adán y Eva. Originalmente blanca, se volvió negra a causa de los pecados de la humanidad.

Los hadices afirman que la Piedra Negra testificará en el Día del Juicio:

“Por Allah, Allah la resucitará el Día de la Resurrección, con ojos con los que verá y una lengua con la que hablará, y testificará a favor de quien la tocó con sinceridad”.

Rapa Nui – Te Pito o Te Henua

En la tradición oral de Rapa Nui se relata que el primer rey fundador, Hotu Matu‘a, llegó a la isla portando una piedra sagrada dotada de mana (poder espiritual). Según estos relatos, esta piedra guió al rey y señaló el lugar adecuado para el asentamiento, estableciendo así el orden inicial y la legitimidad del poder real.

Esta piedra es conocida como Te Pito o te Henua, “el ombligo del mundo”. No era solo un símbolo, sino un elemento activo, considerado el punto de origen desde el cual se organizaba el territorio, la autoridad y la conexión entre lo sagrado y lo humano.

 

Ya he expuesto relatos de diversas culturas y religiones que hablan de la existencia de una piedra divina. Existen muchas más tradiciones, pero las mencionadas son suficientes para comprender el punto al que quiero llegar. Estas narraciones comparten notables similitudes: la piedra suele emerger de las aguas primordiales, descender del paraíso o situarse en el “ombligo del mundo” como centro del orden cósmico.

Muchas de estas historias describen lugares concretos donde estas piedras son conservadas o veneradas. Sin embargo, según mi criterio, todas estas tradiciones no se refieren a objetos distintos, sino que parecen aludir a un mismo arquetipo, e incluso a un objeto común preservado bajo diferentes nombres y contextos culturales. En este sentido, considero que estas narraciones podrían estar hablando de la Piedra

 

Chintamani y Hotu Matu‘a

Tal y como pudimos leer en el capítulo anterior, Hotu Matu‘a no viajó en solitario hacia Te Pito o te Henua, sino que portaba un artefacto que contenía el mana. Los locales están convencidos de que aquel artilugio era la piedra que actualmente se ubica en Te Pito Kura, que significa “El Ombligo de la Luz”.

Aquella roca —como puede comprobarse en terreno— altera, por medio de un poderoso campo electromagnético, distintos dispositivos. Nos sucedió que un moderno GPS Garmin eTrex 10 y un estabilizador de celular fallaron de forma estrepitosa solo por aproximarnos a la piedra.

Retomando la leyenda, Hau Mata —el vidente y consejero de Hotu Matu‘a— tiene una visión o sueño (tal vez un viaje astral, según conocimientos esotéricos) donde ve una isla señalada por una flecha. Se sostiene, bajo mi no tan humilde punto de vista, que esa flecha sería el islote Motu Nui.

Es entonces que, al viajar desde Hiva hacia Te Pito o te Henua, se llevaron aquella piedra magnética. ¿Qué era? ¿Acaso fue esa piedra sagrada la que influyó en la visión? ¿La piedra magnética es exactamente la reliquia?

Fotografía: de Te Pito o Tenua (supuestamente) ubicado en Te Pito Kura. Nuestro GPS Garmin eTrex 10 y un estabilizador fallaron sólo al aproximarse.

 

La Piedra Profética

Esto será muy interesante. Siempre según lo que estos seres nos transmitieron, Chintamani —o uno de sus fragmentos—, que estuvo al menos en el último periodo de Hiva (MU) junto a los munianos, tendría características que desconocía: primeramente, poseería una consciencia propia y, con ello, pediría a sus custodios ser trasladada a ciertos lugares del planeta por motivos específicos. Esta comunicación ocurriría en estados no ordinarios de conciencia o en sueños.

Segundo, los periodos en los que susurra su voluntad o muestra lo que debe verse son muy acotados: pueden durar solo semanas o meses. Ahora comprendo por qué debíamos ir en el equinoccio.

Tercero, luego de esos breves lapsos, esta reliquia sagrada ingresa en un estado de escucha, donde graba a nivel sutil los eventos planetarios. Su ubicación estratégica obedece al punto de acceso a esos registros. Es como ver una gran computadora —el planeta— con múltiples puertos USB distribuidos por el mundo. No todos están habilitados. Los fragmentos de Chintamani se ubican justo en los puntos donde pueden captar información de la Tierra.

Siempre según los susurros de este fragmento —sé que esto suena a una locura— pidió ir a la isla justo antes de la última gran destrucción, ocurrida entre el 12.500 y el 12.800 a. C., aproximadamente, por razones profundas que veremos más adelante.

Entonces, en sueños, habló con Hau Mata —un sabio avanzado— para ser trasladada a la isla, mostrándole lo que se relata en la tradición. Algo estaba ocurriendo en Te Pito o te Henua, y como una fuerza opositora equilibrante, pidió ser llevada hasta allí.

 

El Poike y Los Retiros Interiores

Es precisamente el lugar de llegada para parte de los exploradores que, según la leyenda, debían hallar un nuevo sitio donde afincarse. Sus destinos fueron desconocidos; sin embargo, y según los susurros, Rapa Nui habría sido un punto de confluencia. No obstante, la isla no estaba deshabitada: existían ya habitantes en este pequeño espacio geográfico, los mal llamados Orejas Cortas.

Estos ya labraban de forma muy precaria la toba volcánica, y los grandes maestros les enseñarían a construir los moáis que actualmente conocemos. Siempre según esta historia, por medio del moái que en otrora fue hallado en Orongo —y que más tarde fue robado y ubicado en el Museo de Londres—, pero lo veremos en mayor detalle más adelante.

El Poike es empíricamente el sitio más antiguo de la isla y me atrevo a postular que posee los vestigios más longevos igualmente.

El lugar es muy especial, pues no es de fácil acceso: está cercado y los circuitos habituales no lo contemplan. También es un sitio que tiene su propia forma de autoprotección, y quienes han visitado lugares de poder saben perfectamente a qué me refiero.

Habiendo pasado por este lugar, no solo hago la conjetura, sino que afirmo que es el punto de alimentación energética de la isla. Es lo equivalente a la Cascada de Aigualluts, que en un artículo anterior demostramos que poseía dicha cualidad.

Los maestros provenientes de Mu escogieron este lugar para afincarse en sus profundas cuevas, llevando consigo el fragmento sagrado de Chintamani.

 

La Leyenda de Vai a Heva

Como comenté anteriormente, fue por culpa de Álvaro y Nerea que me enteré de esta fascinante historia.

Muchos han notado que el hilo secuencial de sucesos nos ha llevado a adentrarnos en los misterios del agua, pero yendo mucho más allá de las concepciones de Emoto u otros personajes, pues añade un toque más profundo y concreto sobre el químico más extraño de nuestro universo. Y quienes saben de química entienden perfectamente esta denominación.

Vai a Heva, un gran ariki (jefe), fue parte de un grupo de seis jefes provenientes del interior del Poike. Ellos tomaron un grupo de discípulos para enseñarles gran parte del conocimiento que traían, en especial el Rongo Rongo, la escritura perdida de la cultura. También eran portadores de un extraño báculo, el cual tres de aquellos estudiantes intentaron robar, asesinando a los cinco hermanos de Vai. Esto provocó que él ardiera en cólera y fuese a recuperar el artefacto sagrado. En su terrible venganza habría acabado con todos los miembros de la tribu, incluidos los transgresores.

Su rostro fue tallado al borde del Ma‘unga Vai a Heva, parte de tres grandes montículos sobre el Poike, llamados: Ma‘unga Parehe (cerro despedazado), Ma‘unga Tea Tea (cerro blanco) y Ma‘unga Vai a Heva (cerro del agua de Heva). Aquel tallado muestra la expresión de dolor por la muerte de sus hermanos que habría experimentado aquel vengador. ¿Qué sucedió con él? Las canciones —forma tradicional de transmitir estos acontecimientos— no lo mencionan; solo se sabe que recuperó el artefacto.

Además, dentro de las historias se dice que el agua de este tallado tendría cualidades únicas, como la habilidad de curar y, sobre todo, mantener la juventud. Esto recuerda los mitos de afluentes de la eterna juventud mencionados en múltiples leyendas.

Sea como fuere, esto se enlaza a la perfección con los datos que hemos venido persiguiendo y, como ha sido la tónica, llegar a la isla no ha sido un acto premeditado.

Que exista un culto al agua es algo que hemos comprobado en este lugar. Y nuevamente la tesis se sostiene luego de explorar distintos lugares de América. Los mal llamados morteros están ligados al agua en un gran porcentaje, moleste a quien le moleste. Y están presentes aquí.

Podemos ejemplificar con la enorme piedra tacita de unos treinta centímetros de diámetro aproximado, que está a escasos metros por encima de aquel tallado y perfectamente alineada al rostro, Rano Raraku y el Rano Kau. ¿Por qué? Más adelante podremos postular alguna hipótesis.

Pero no solo existe este vestigio. También, como mencionamos líneas más arriba, apreciamos una roca que parece haber sido sacada desde Valle del Encanto, con una distribución de seis o siete cavidades perfectamente labradas. Nos enteramos de esto al estudiar el paperConsolidation of the Rapanui astronomy concept inventory and re-appraisal of applied astronomic observation at Papa Ui Hetu’u, Rapa Nui”.

Quiero hacer un punto: difiero de las hipótesis que establecen la modificación de estas piedras para la recolección de agua. No tiene sentido que cavidades tan pequeñas aporten una recolección sustancial del líquido vital. En mi experiencia, están más centradas en un uso ritual o astronómico.

Volviendo, algunos postulan que estas cavidades podrían representar el cúmulo estelar de las Pléyades. No puedo afirmarlo; júzguenlo con sus propios ojos a continuación:

Imagen 1: Roca con la supuesta representación del cúmulo estelar de Las Pléyades

 

Los Mal Llamados Orejas Largas y Cortas: La Hermandad de la Mano Roja

Como mencioné, estos supervivientes de Mu habrían llegado a este trozo de tierra justo en medio del Younger Dryas, provocado por el impacto de múltiples cuerpos sobre el planeta.

Aquí un punto: difiero de la información que los viejos grupos de contacto difundieron sobre el impacto de dos cuerpos que habrían formado dos fosas en el hemisferio norte. La primera razón es que no existe evidencia alguna de este hecho, pues ambas fosas obedecen a procesos geológicos naturales. La segunda, más importante, es la omisión de distintos relatos y huellas distribuidas por el globo. No obstante, en algo sí estoy de acuerdo: todo esto fue provocado por un incidente cósmico.

En consecuencia, y como mencioné en otro artículo, este incidente se enmarca en un proyecto que estos seres han denominado la Misión Roja, de la cual George Hunt Williamson ya había hablado, aunque sin demasiada precisión. Esta operación consistía en un salvataje de los linajes de civilizaciones perdidas; en el caso de los munianos —a menudo confundidos con los de Lemuria—, de forma mucho más masiva.

Pues bien, en Rapa Nui esto también sucedió.

Cuando Hau Mata tiene su visión, son enviados siete exploradores que, siempre según la reliquia, usaron la isla como plataforma para llegar finalmente a América. En este proceso se mezclaron con los mal llamados Orejas Cortas, quienes ya habitaban esta tierra desde hacía mucho tiempo, ejerciendo un rol de guardianes o custodios.

Aquí me detengo bruscamente.

Quienes han seguido este extenso trabajo habrán notado que todo lo relacionado con la Misión Roja comparte denominadores comunes: polidactilia y gigantismo. Este último era un rasgo que perduraba por un periodo limitado, según lo que Aimana nos mencionó en Patagonia respecto a los Aónikenk. Según esta cosmonauta, este rasgo se suprime rápidamente debido a las mezclas posteriores de esa primera generación híbrida.

¿Es posible hallar esto en Rapa Nui? ¡Por supuesto!

Uno de los puntos más importantes tiene que ver con un error garrafal en el que casi todos los investigadores del misterio han caído —y otros han omitido por publicar rápido sin profundizar—. El conocimiento no es un proceso automático; toma tiempo, moleste a quien le moleste.

El error más célebre tiene que ver con la denominación Orejas Largas y Orejas Cortas, dos grupos que cohabitaron la isla. Si bien es cierto que los mal llamados orejas largas deformaban sus lóbulos para marcar linaje, su verdadero significado dista mucho de la interpretación tradicional. La denominación surge de un grosero error de traducción que pasamos a detallar.

 

Origen del Error

El núcleo del malentendido se centra en dos palabras que aludían a dos grupos humanos: Hanau e‘epe y Hanau momoko.

Para los rapanui esto es claro, pero los primeros investigadores —con traducciones imprecisas y vocabularios incompletos— deformaron el significado.

A mediados del siglo XIX, misioneros y viajeros recopilaron relatos orales sin un conocimiento sólido del idioma rapanui ni de las estructuras conceptuales polinésicas. Los términos fueron interpretados de manera literal, sin considerar su función dentro de la narrativa genealógica.

Hanau fue entendido correctamente como “pueblo”, pero e‘epe y momoko fueron traducidos superficialmente como “largo” y “corto”, sin atender a que describen cualidades físicas generales, no partes del cuerpo.

A esto se sumó un elemento visual: algunos rapanui de alto rango practicaban el estiramiento ritual de los lóbulos. Los europeos asociaron automáticamente esta práctica con los términos recogidos, fusionando ambas ideas en una interpretación errónea.

Así, lo que significaba “hombres delgados espigados” y “hombres pequeños y robustos” terminó traducido como “pueblo de orejas largas” y “pueblo de orejas cortas”.

Este error pasó desapercibido durante décadas y fue replicado por investigadores del misterio sin corregir. No es una cacería de brujas: es una autocrítica. Corregirlo cambia radicalmente el panorama.

La advertencia la hallé en el Atlas Arqueológico de Rapa Nui de Mara Huke Fuentes y Dañe F. Simpson Jr., y Eduardo nos confirmó todo esto.

Esto no implica que los “espigados” fueran necesariamente gigantes, pero tampoco lo descarta. En aquella época, superar el metro ochenta ya bastaba para recibir esa denominación. El contexto importa.

Aclarado esto, surge la pregunta: ¿qué sucede con la polidactilia?

En la isla podemos tomar dos ejemplos claros —el segundo con una relación clave.

 

Ahu Huri a Urenga

El primero es el Ahu Huri a Urenga, un importante sitio arqueológico de 13 metros de largo por 4 de ancho que alberga un único moái. Este coloso posee, en apariencia, dos pares de manos, es decir, diez dedos por lado. Se dice que tiene dos pares de brazos, aunque en terreno no es posible confirmarlo con claridad (imagen 2).

Usando la tan abusada Navaja de Ockham, podríamos proponer que las manos inferiores serían un taparrabos con filamentos. No obstante, el parecido con las manos superiores es extraordinario.

¿Es esa explicación “racional” la respuesta? Lo descarto.

Si no es visible un par adicional de brazos, ¿representan entonces dedos adicionales? Me quedo con la segunda opción: polidactilia.

Este moái se alinea perfectamente con el sol en el solsticio de invierno y en el área se hallan un pozo de agua y morteros, reafirmando mi hipótesis de que estos vestigios están ligados al agua, como traté en un artículo anterior (imagen 3).

Imagen 2: Ahu Huri a Urenga. ¿Polidactilia o la vestimenta? Imagen Nikon D3500

 

Imagen 3: Ahu Huri a Urenga, piedras tacitas. Imagen Nikon D3500

 

¿Y cuál es la otra referencia?

Tangata Manu en Orongo

Quienes han visitado la isla conocen la villa de Orongo, donde se desarrollaba la competición del Hombre Pájaro. En el borde del acantilado existe una serie de petroglifos que representan esta figura antropomorfa.

Uno de estos surcos exhibe claramente polidactilia (imagen 4).

Debido a las restricciones del parque por erosión y riesgo de derrumbe, no es posible acercarse para corroborarlo —nos ocurrió—, pero existen fotografías antiguas ampliamente difundidas que lo confirman.

Estas figuras simbolizan el ritual del Tangata Manu, clave para entender cómo se conecta la información entregada por estos seres con la experiencia del fragmento de la “piedra dios”.

Así, en distintos vestigios de la isla aparecen elementos característicos de la Misión Roja. Las informaciones preliminares de Aimana tienen un sólido sustento, bajo mi punto de vista.

Además, existen otros vestigios, como el moái enterrado que representaba a una mujer con dos cabezas en Vinapu (imagen 5). Esto indica que hay más indicios relacionados con la genética de la isla. Véanse y júzguenlo ustedes mismos.

Imagen 4: Tangata Manu en Orongo. ¿Polidactilia?

 

Imagen 5: Mujer 2 cabezas en Vinapu. Según se relata habría estado enterrada en los alrededores. Fotografía Nikon D3500

Ahu Tongariki

Para sumar un antecedente crucial dentro de esta secuencia de señales sobre polidactilia y gigantismo, es necesario detenerse en un detalle que suele pasar desapercibido, pero que es profundamente revelador.

Los guías turísticos, historiadores, arqueólogos e incluso los propios isleños coinciden en algo: los moáis son representaciones muy cercanas a la realidad física de las personas que estaban enterradas en los ahus. No son figuras genéricas ni estilizaciones abstractas. Son retratos. Retratos de ancestros específicos, con nombres propios y rasgos diferenciados.

Y esto es evidente cuando se observan los moáis agrupados en un mismo ahu: sus rostros no son iguales, sus proporciones no son idénticas, sus expresiones no se repiten. Cada uno refleja una morfología distinta, como si los escultores hubiesen querido preservar con exactitud la identidad del individuo representado.

Aquí surge la pregunta inevitable:

¿Qué ocurre entonces con los moáis pequeños? (imagen 7)

En varios ahus— en sus cercanías—pueden encontrarse moáis de menor tamaño, algunos incluso reutilizados como parte de las plataformas ceremoniales (imagen 8). La pregunta es incómoda, pero necesaria:

¿A quién representaban esos moáis pequeños?

Si seguimos la lógica que los propios isleños sostienen —que cada moái es un retrato fiel—, entonces los moáis pequeños no serían “versiones reducidas” por falta de tiempo o recursos. Serían retratos de personas pequeñas.

Y aquí la experiencia con Chintamani abre una posibilidad inquietante:

¿Representaban estos moáis pequeños a los llamados “orejas cortas”, los habitantes originales de la isla antes del surgimiento de los Hanau e’epe producto de la misión roja?

La hipótesis no pretende imponerse. Solo se expone.

Prefiero que ustedes mismos los observen, comparen y juzguen bajo sus propios criterios. A veces, la piedra habla más claro que cualquier teoría.

 

Imagen 6: Ahu Tongariki. Fotografía Nikon D3500.

 

Imagen 7: Pequeños moais con distinta morfología ubicados tras el Ahu Tongariki. ¿Qué o a quiénes representaban?

 

Imagen 8: Pequeña cabeza utilizada para levantar ahu en playa de Anakena

 

Imagen 9: Una fotografía extra en playa de Anakena. Será un fragmento reutilizado del otro Ahu. ¿Qué representa? ¿Orión? ¿Un hombre Lagarto? Tenemos algunas hipótesis

Ana o Keke y Chintamani

Como mencionamos líneas más arriba, es un hecho difícil de refutar cuando se alude a lo que trajo Hotu Matu‘a y su poderoso enlace con la reliquia de Shambhala.

Inicialmente —y siempre según la experiencia— se nos “mostró” que los maestros de Hiva habrían llegado a la zona del Poike, adentrándose en las entrañas moldeadas por antiguas cavidades volcánicas. Estas forman innumerables pasajes subterráneos ideales para los objetivos que estos supervivientes buscaban.

Parte de este colectivo se resguardó allí junto a sus secretos: el Báculo de Vai a Heva, escritos de Rongo Rongo, entre otros. Según lo transmitido, el fragmento que se posó sobre la isla se ubicó inicialmente en esta zona, en medio de la destrucción de Hiva. Posteriormente —tras ciertos eventos que trataremos a continuación— este fragmento se reubicó en el Rano Raraku.

 

El Oscurantismo de la Isla y los 6 Cristales

Tal como señalamos, la conciencia del fragmento de Chintamani pidió ir a la isla. Además de indicar la vía de escape que motivó al rey a enviar a sus siete exploradores, esta conciencia fragmentada requería estar en Rapa Nui debido a su importancia transversal.

Los clásicos grupos de contacto hablaron de un conflicto por la creación del ser humano y de un enfrentamiento que dejó derrotado a un grupo de seres provenientes de Orión, quienes fueron encerrados en diversas partes del planeta en “prisiones astrales”. Estos encierros estarían asociados a cristales verdes de forma octaédrica llamados Ergomenón.

Aimana nos mencionó que estos cristales son un tipo de agua, aunque no se sabe exactamente de qué tipo.

Estrategicamente, Rapa Nui sería perfecta para alojar a estos “hombres lagarto” mencionados en canciones locales. Su posición aislada y su geología —cruzada por líneas de fuerza— la convierten en un verdadero Alcatraz, idónea para aprisionar a una jerarquía peligrosa de aquel grupo.

Durante nuestra estancia en la isla, recibimos el siguiente mensaje:

«Mañana será un día importante. Es vuestro acercamiento a la zona de la competencia del Hombre Pájaro. Como pueden suponer, algo está oculto tras aquella competición. No es accidental la presencia del Rano Kau en esta actividad, donde precisamente descansan los de Orión. Sí, puedo confirmarles que se hallan seis grandes cristales astrales bajo el lago. Atentos a las historias, en especial cuando les hablen de quiénes habitan bajo el lago o sus conciencias. Luego de oír el canto de Chintamani, deberán trabajar y sellar el Rano Kau. Descubrirán que Chintamani, el Poike y Rano Raraku están íntimamente conectados con una misma historia.»

Aimana

Este fragmento fue recibido el 18 de septiembre de 2025, posterior a la advertencia de prestar atención al tercer día tras establecernos. Justamente al día siguiente debíamos realizar la ruta de Orongo y el Hombre Pájaro, tal como figuraba en nuestro itinerario.

 

Necesito detenerme en algunos puntos. Un amigo cercano —testigo de contacto— tuvo un sueño curioso: veía que debía hacerse un trabajo de limpieza con el agua de Orongo. Observaba el agua “contaminada” por una suerte de parásitos, y también veía perros parasitados. Él no tenía conocimiento alguno de las tareas a realizar.

Pido recordar estos elementos: más adelante cobran relevancia.

La mañana siguiente fuimos a los lugares señalados. En el mirador del Rano Kau, Lalo nos relató sus incursiones dentro del cráter, al borde de la laguna cubierta de totora —planta que algunos investigadores consideran introducida desde Sudamérica.

En este circuito se halla una roca con un petroglifo particular: Ha‘u Koka.

Sobre esta entidad no existen muchas referencias verificables. Sus rasgos son los de un ser con rostro antropomorfo y cuerpo de criatura marina, draconiana o serpentina, según nos señaló el guía. Lalo indicó que este ser sería un reflejo del viento, un “dios del viento”. Puntualizó que es único en la isla y que no es —ni fue— humano. En la cultura Rapa Nui, esto es crucial: las deidades, primordiales o demonios nunca fueron humanas (Tatane, Aku Aku).

¿Será esta la confirmación que Aimana dijo que sería indicada por nuestro guía? Es probable, aunque en el contactismo nunca se está completamente seguro.

Si aceptamos la premisa de que esto es un indicio de que en el Rano Kau hay seres encerrados, surge la pregunta: ¿por qué el fragmento inteligente de Chintamani pidió venir?

Según lo narrado por el fragmento en la experiencia de Ana o Keke, tras el encierro de los deportados de alta jerarquía, se estableció en la isla un grupo de seres humanos de baja estatura. Su función era actuar como guardianes, construyendo esculturas de piedra que funcionaban como “resistencias electrónicas” para contener a los prisioneros.

Es sabido —según los grupos de contacto— que estos encerrados solo tienen injerencia mental, actuando como demonios y parasitando voluntades.

Por el conflicto generado y procesos planetarios aún no comprendidos, la influencia de estos reos comenzó a infiltrarse en estos pequeños guardianes, provocando un problema: sin contención, tenían libertad potenciada para actuar desde sus confinamientos.

Es entonces cuando Chintamani y Hotu Matu‘a llegan a la isla, transformándose él en su primer rey. Junto a él, los maestros portaban el fragmento como fuerza de oposición, poderosa y luminosa, capaz de aplacar aquellas conciencias disonantes.

Sin embargo, esto no fue suficiente…

 

El Enigma del Hombre Pájaro

Como el lector sabe, hace muchos años que hemos seguido la pista de la conocida Hermandad de la Mano Roja. Según lo que Aimana nos ha transmitido, se trata de un programa de salvataje de un linaje condenado a desaparecer, específicamente el de las grandes civilizaciones perdidas.

Tal como señaló Williamson en su libro El Secreto de los Andes, todo esto tuvo su foco en América. El plan contemplaba un mestizaje no invasivo y asistido. Como pueden inferir, Rapa Nui fue también un epicentro.

Esta misión —a la que desde hace un tiempo ellos han llamado “misión roja”— posee algunos elementos inconfundibles, una suerte de marcadores que indican dónde se ha manifestado:

  1. Petroglifos o pictografías con polidactilia (6 dedos).
  2. Historias de gigantismo.
  3. Mitos o leyendas de mestizajes con “dioses”.

Estos elementos son hallables en Rapa Nui, o al menos dos de ellos. No existen canciones que hablen de un mestizaje con los dioses, como ocurre en otras culturas —por ejemplo, los Aónikenk en Patagonia—, pero sí hay elementos que no pueden omitirse.

Es probable que el lector, al leer lo anterior, descarte la posibilidad de que la misión roja haya tenido un capítulo en la isla. Sin embargo, no pueden ignorarse las notables diferencias morfológicas entre Hanau e‘epe y Hanau momoko, ni el hecho de que la polidactilia aparezca precisamente en una representación del Tangata Manu.

A partir de esto es importante destacar otro aspecto: la capacidad del Tangata Manu de portar temporalmente el mana y transformarse en un intermediario sagrado con Make Make, el creador de los isleños.

Y lo más importante viene a continuación.

 

Make Make y el Tangata Manu

Este es un extracto del facsímil Icarito:

“En Isla de Pascua, Make-Make es el creador del mundo. (…) tomó una calabaza llena de agua y vio su rostro reflejado. (…) Un pájaro se posó sobre su hombro y Make-Make unió el reflejo con el pájaro, naciendo así su primogénito. (…) Finalmente fecundó una piedra con tierra colorada y de ella surgió el hombre.”

Este texto es muy interesante: el agua como elemento primordial de creación está presente, así como la calabaza y la piedra. Pero lo más relevante es su primogénito.

Imagen 10: Representación Make Make en cueva aledaña a Vai a Heva. Imagen Nikon D3500

Postulando una hipótesis: aunque no hay canciones que indiquen un mestizaje entre “dioses” y humanos en la isla, ¿podría el Tangata Manu ser un descendiente? ¿Un avatar? ¿O evidencia de un linaje muy específico?

Es difícil establecer conclusiones, pero estas preguntas deben quedar planteadas.

El Tangata Manu surge en el momento de mayor oscuridad de Rapa Nui. Los orejas largas vivían en la costa y, aprovechando su estatus, hacían que los orejas cortas —ubicados en el interior— construyeran los moáis. De pronto, estos hombres pequeños, aprovechando su número, declararon la guerra a los orejas largas.

Esto, sumado a la deforestación, provocó una crisis espiritual que llevó a los sobrevivientes a destruir los ahu de la isla en señal de abandono de los dioses. La hambruna resultante generó incluso episodios de canibalismo.

Es aquí cuando surge el Tangata Manu.

 

La competencia del Tangata Manu según los registros de Chintamani

En Ana o Keke, el fragmento de la reliquia nos mostró que, tras su llegada y establecimiento en el Poike, se produjo la mezcla con los habitantes de la isla. Así nacen los mal llamados orejas largas.

El poder de los prisioneros del Rano Kau era tan fuerte que no solo corrompía a los orejas cortas, sino a todos los habitantes.

Entonces, Chintamani y los sabios de los retiros interiores decidieron establecerse en el exterior para guiar a los clanes. Para ello debía escogerse una reina, un campeón y un líder o rey: el Tangata Manu. También era necesario aplacar la influencia de los reos.

El fragmento se posicionó en línea vista del Rano Kau, es decir, en el Rano Raraku. Había dos razones poderosas:

  1. plasmar la energía de la toba usada en los moáis,
  2. la alineación entre Poike, Rano Raraku y Rano Kau.

El fragmento solo saldría por tiempo limitado para la competencia.

Aquí viene lo interesante: tanto los competidores como la futura reina —una mujer virgen— debían pertenecer a un linaje específico. Según la experiencia, debían poseer una marca física: polidactilia.

Para seleccionar a la virgen, se escogían mujeres de distintos clanes y se las encerraba en Ana o Keke. Los maestros llevaban la reliquia desde el interior del Poike, que escogía a la joven, quien se volvía un oráculo irradiado por un aura blanca. De aquí surge la tradición posterior de “palidecer” la piel.

Imagen 11: hecha con IA muy cercano a lo que, supuestamente nos mostró la experiencia en Ana o Keke.

La mujer escogida se casaba con el rey; la segunda en importancia, con el campeón.

Luego la piedra era llevada al islote Motu Nui, frente a Orongo, donde los primeros sabios enseñaron a tallar moáis, incluyendo uno de basalto —imposible de tallar con herramientas isleñas— que quedó semienterrado en la aldea.

Los hopu manu competían representando a sus clanes para ir por la reliquia. Al capturarla, se la colocaban en la frente con un cintillo labrado hasta llegar a Orongo y entregarla al líder.

Es imposible no recordar representaciones de seres como Alcir en experiencias de contacto, donde una gema verde destacaba en un casco alargado. ¿Será lo mismo? Difícil afirmarlo.

Si inicialmente era el fragmento de Chintamani lo que el hopu manu llevaba, no es absurdo que fuese puesto en la frente.

Aquí surge un debate válido: portar un huevo en la frente es riesgoso. Si la finalidad era protegerlo, debieron existir otros métodos. Por tanto, el cintillo podría haber sido simbólico.

Recuerdo claramente la imagen que vi mediante la conexión con el fragmento: un hopu manu portando el fragmento en la frente y con polidactilia en sus manos. Gracias a una IA pude reproducirlo con exactitud.

Imagen 12: aproximación de la experiencia en Ana o Keke. Representación de un Hopu Manu con IA

Luego el fragmento era entregado al ariki, quien se transformaba en el Tangata Manu hasta la próxima competencia. Él tomaba el fragmento para llenarse de mana y luego lo devolvía a los sabios, quienes lo retornaban al Rano Raraku.

Posteriormente, para evitar dependencia y aplacar a los deportados, el fragmento fue guardado permanentemente en Rano Raraku, y el ritual se realizó con un huevo.

Esto evoca las leyendas donde ciertas representaciones de Chintamani tienen forma de huevo, aunque probablemente la reliquia sea poliforme.

Y, ¿por qué en el Rano Raraku? Pues habría una línea de fuerza que conecta el Poike, Rano Raraku y Rano Kau. Sería la razón del alineamiento que detectamos en Vai a Heva.

 

El Origen de Chintamani y el Agua

En Ana o Keke, Chintamani también mostró otra cosa.

Supuestamente, en el origen del universo, lo primero en surgir fue la reliquia unificada junto a un pensamiento muy poderoso: la primera forma de agua del universo, el portador del minius. La impresión fue tan intensa que solo recordar ese momento —al cerrar los ojos— me deja sin aliento.

Si intento buscar un símil, es como la escena de Avengers donde aparece un flashback con la creación de las gemas del infinito.

¿Podríamos afirmar que tal vez sea la máxima aproximación a la creación y, por ende, lo más próximo a universos más elevados?

No puedo evitar recordar que, en realidades más exaltadas —siempre según escritos de Xico Xavier o Enoc— el agua está presente de diversas formas, incluso en formato cristal, eventualmente confundida con hielo. Recomiendo leer un artículo donde hablamos de aquello.

Entonces, no sería descabellado que el agua sea el químico donde esta partícula subatómica previa a la nada se manifieste de forma poderosa, pues habría sido el vehículo original con el que viajó a nuestro universo, creándolo todo.

 

De hecho, sería la razón de usarlo como sellador cósmico pues, generaría un reordenamiento a niveles desconocidos en esas prisiones (de criogenia o astrales). Sería uno de los grandes motivos del uso de ese «símbolo» que, siempre según lo comprendido, tiene implicancias muy poderosas y desconocidas. Puntualmente, en Rapa Nui este proceso era vital para permitir la marcha del fragmento.

Sé que suena una locura, pero es lo que sentimos y vimos.

 

El agua del Rano Kau y el nuevo sello

Este viaje también tuvo dos componentes. Como se mencionó líneas más arriba, teníamos la instrucción de “limpiar” las aguas de Orongo, que corresponden precisamente a las del Rano Kau, una indicación que se repitió en un mensaje que Raymond nos compartió.

El asunto era completamente nuevo dentro de las tareas realizadas en las cercanías del Aneto, donde solo concretamos el sello de la cumbre con la participación de la jerarquía cósmica antes mencionada.

Aquí, luego de visitar Orongo, decidimos retornar por la noche siguiendo una serie de sincronías. Durante toda nuestra estadía, en la cabaña que usamos como centro de operaciones había unos perros que, por costumbre, nos acompañaban cada vez que salíamos. Su dinámica era correr por doquier y jugar —aparentemente con otros canes.

 

La Limpieza de Orongo y un llamado a la prudencia

Tras volver de la excursión a Orongo —a la cual no pudimos ingresar por las malas condiciones climáticas, especialmente el viento intenso— debíamos ir al mirador del Rano Kau para realizar el encargo.

Mientras caminábamos, conversábamos sobre lo que Lalo nos contó acerca del ser de aspecto reptiloide. Para variar, no pudimos dejar a los perros, pese a haber pedido que los retuvieran. Parecía que tenían una función especial.

Tal como sospechábamos, corrieron de un lado a otro durante todo el trayecto. Al cruzar un inmenso árbol en una curva, sentí que algo nos observaba; se lo comenté a Diego y a Joaquín. La noche caía con fuerza y el ambiente cambiaba. Sé que es difícil de transmitir, pero algo se estaba moviendo.

Al llegar al mirador, la noche ya dominaba. De pronto, una nubosidad comenzó a concentrarse sobre el cráter, rodeándolo casi por completo. El resto de la isla tenía nubes dispersas, pero esa concentración era anómala.

Intentamos la limpieza de las aguas mediante la energía de aquella figura jerárquica. Sin razón aparente, los perros se alteraron y comenzaron a atacarse entre sí. Uno gruñó a quien llevaba la meditación; otro hizo lo mismo conmigo. Los protocolos de protección habían sido realizados al pie de la letra. Me sentía seguro, como dentro de una burbuja, mientras afuera algo se agitaba.

Cuando pedimos la presencia de la jerarquía, una suave lluvia comenzó a caer sobre nuestros rostros. Sentí algo poderoso, luminoso, pese a la pugna evidente. Al finalizar, la lluvia se intensificó y los perros recuperaron la calma.

Les dije a los chicos que debíamos volver: lo que debíamos hacer estaba completado. Así lo sentí por medio de aquella energía especial.

Los perros, al regresar, volvieron a su estado natural. Recordé el sueño de nuestro amigo con una precisión inquietante. En asuntos contactistas es difícil estar completamente convencido; son las sincronías —o anomalías probabilísticas— las que entregan indicios inequívocos de un camino correcto.

Este punto merece ser planteado con total claridad. Algunos investigadores o contactados podrían criticar este trabajo, alegando falta de “sustento sólido” o de “confirmaciones contundentes”. Lo curioso es que, al examinar sus propios relatos, sus corroboraciones no son ni más numerosas ni más fuertes que las nuestras. Muchas veces hasta reciben mensajes y publican sin cotejar nada. No es un problema que se nos cuestione; el cuestionamiento es sano.

El problema aparece cuando se exige al otro un nivel de prueba que uno mismo no está dispuesto —o no es capaz— de ofrecer. Un contactado que hable de confirmaciones absolutas suele estar contaminado por su propia experiencia. Cualquiera puede aplastar un argumento usando la navaja de Ockham. Las “confirmaciones” son escasas y nunca definitivas. Los avistamientos NO bastan: pueden ser solo muestras de apoyo. Y nadie —al menos que yo haya visto— ha establecido un protocolo de comunicación verificable con un objeto o fenómeno.

En este terreno, la honestidad mínima es usar una sola vara para medir: la misma para tu trabajo y para el nuestro. Lo demás no es discernimiento, es autoindulgencia disfrazada de rigor. Por eso insisto: son las sincronías —esas anomalías probabilísticas que se repiten con precisión quirúrgica— las que ofrecen la señal más sólida de que un camino es correcto. He visto viajes donde ni siquiera hay claridad sobre lo que se está haciendo; las razones ya las he expuesto antes. Esto no es una crítica, sino contexto. La rigurosidad debe ser equitativa para todos. No se puede exigir al otro lo que uno mismo no está dispuesto a sostener.

Ir a lugares de poder puede ser atractivo para el ego, pero esto es otra cosa. Aunque estábamos protegidos, expliqué paso a paso lo que podía ocurrir. Aún así, nadie está ajeno al miedo o a las expectativas.

Si puedo dar un consejo: no vayas a estos lugares sin señales claras y sin comprender que no tenemos poder para liberar, perdonar o dañar a estas entidades. No nos comunicamos con ellas porque no tenemos nada que tratar con esos reos.

Nuestra tarea fue indirecta y siempre bajo la protección de Aimana y la jerarquía. Probablemente solo fuimos un eje o ancla para que la tarea tuviera repercusiones en nuestra realidad.

Viajar a Rapa Nui es un eslabón más de una cadena de sucesos que un investigador analítico puede rastrear leyendo los artículos previos. Nada está desconectado: se han corregido errores de interpretación y se ha profundizado en datos e informaciones desde 2018, sin haberlo buscado.

 

Parece como si se hubiera abierto el cielo

Tras el encargo, regresamos a la cabaña para cotejar sensaciones. Luego de comer, dormimos: todo había sido intenso.

La lluvia esa noche fue descomunal, acompañada de un viento capaz de arrancar la techumbre. Recordé inevitablemente lo ocurrido en Aneto y en Chaltén: tras tareas en lugares con Guardianes y Vigilantes, siempre hay precipitaciones intensas o vientos inusuales.

A la mañana siguiente, la dueña del lugar nos dijo:

«Nunca había estado en una lluvia así de intensa. Fue como si se hubiera abierto el cielo.»

Nos miramos los tres.

Más tarde, Lalo repitió algo similar:

«La lluvia de anoche fue extraña, muy fuerte, aunque necesaria.»

Antes del viaje, Aimana nos advirtió que prestáramos atención a lo que dijeran los isleños: allí estarían los mensajes.

¿Fue esto un efecto de la actividad en el Rano Kau? Es difícil afirmarlo, pero es importante destacarlo.

 

Datos relevantes y una sugerente invitación

Tras el polémico encargo en el mirador del Rano Kau, la tarea se centró en llegar a Ana o Keke. En aquel antiguo sitio recibimos gran parte de la información que he compartido a lo largo de este artículo.

Diego Vasta, en un movimiento propio de un investigador nato, nos apartó a Joaquín y a mí para someternos a un interrogatorio por separado. Ambos logramos conectar con el fragmento en el Poike y, según su análisis —que comparto plenamente—, nuestros relatos coincidían sin contradicciones. Solo hubo un dato adicional que Joaquín vio y que podría marcar un hito importante; lo revisaremos al final.

Especulativamente, es probable que aquel fragmento haya estado en este extinto volcán, lo que explicaría por qué nos pidieron conectar desde ese punto. A esto se suma la alineación entre el Poike (Vai a Heva), el Rano Raraku y el Rano Kau. Es posible que este vector sea parte de un enlace energético o geométrico que desconocemos. 

Por la tarde concretamos la última tarea: sellar el volcán mencionado.

Luego intentamos recepcionar un mensaje. Pudimos comprobar que un objeto estaba en las cercanías, aunque con dificultad debido a la nubosidad en formación. Inmediatamente después de completar la tarea, comenzó a caer una lluvia muy fina y la niebla se aproximó desde la base del Rano Kau. Con la night vision pudimos ver la densidad de la nubosidad, aunque no fue posible captar los posibles aparatos volantes. No sería la primera vez.

Recibimos algunos mensajes, de los cuales comparto fragmentos que, consideramos estarían eventualmente confirmados:

«Agradecemos el trabajo, el cual culmina el 08 de agosto en el Sajama. Confirmarán aquello en El Miño el 17 de marzo. Es idóneo.

(…)Chintamani se marchará prontamente de la isla.

(…)Tal y como suponías, Chintamani es el ‘agua primigenia’, la primera en el universo material. Es allí donde inicia la existencia del minius en el universo físico que habitan. El origen de la vida, del ancestro común.»

Por su parte, Joaquín recibió:

«La gran unión será en Sajama el próximo año, y un pequeño grupo presenciará ese momento.»

Este fragmento se enlaza con una parte que compartiré en un archivo posterior. Las anomalías probabilísticas fueron notables.

Analizando otra sección del mensaje:

«Chintamani se marchará prontamente de la isla. Tres cristales, tres átomos, una sola molécula. El entrelazamiento de estas reliquias es posible bajo la ecuación en base de tres. Como la trinidad, la física cuántica profundizará sobre aquello.»

Esta parte es fascinante y difícil de comprobar. Sin embargo, por circunstancias de la vida conozco a un doctor en óptica cuántica a quien pude exponerle este complejo asunto. Le expliqué, de forma muy resumida, lo poco que se sabe de Chintamani. Él fijó el análisis en tres puntos clave:

           A) El entrelazamiento solo es posible si las partículas comparten un origen común.

Si extrapolamos que existen tres fragmentos provenientes del fragmento “madre”, entonces sí comparten origen.

          B) Debe existir un agente o transmisor de información.

Nos dijeron: “no hay entrelazamiento si no hay intercambio de información”. Si los fragmentos poseen consciencia, entonces el entrelazamiento es viable.

         C) ¿Por qué tres fragmentos y no más o menos?

Aquí surge la parte más interesante.

 

Posible explicación en Mecánica Cuántica

Nuestro amigo mencionó un concepto que le hizo mucho sentido luego de oír la explicación sobre Chintamani: el estado Greenberger–Horne–Zeilinger (GHZ).

¿Qué es el estado GHZ?

Es un tipo de entrelazamiento cuántico que involucra exactamente tres partículas, con un vínculo total y simétrico. En términos simples:

  • Las tres partículas están conectadas de tal forma que lo que le ocurre a una afecta instantáneamente a las otras dos.
  • Solo existen dos estados posibles:
    • las tres “encendidas”,
    • o las tres “apagadas”.
  • Si una se pierde o se mide incorrectamente, el vínculo se rompe por completo.

Es un estado extremadamente frágil, pero perfecto para sistemas donde tres elementos deben actuar como uno solo.

Imagen 13: Representación Estado GHZ

 

El estado W: la alternativa robusta

El estado W también involucra tres partículas, pero con una “personalidad” distinta:

  • Una sola partícula está “encendida”, pero no se sabe cuál.
  • La propiedad está distribuida entre las tres.
  • Si una se pierde, el entrelazamiento entre las otras dos se mantiene.

Es ideal para sistemas donde la información debe sobrevivir incluso si una parte falla.

Imagen 14: representación estado W

 

De lo imposible a lo real y una nueva pista

Como se aprecia, existe una ventaja evidente en entrelazar tres fragmentos. ¿Por qué no incluir al fragmento madre? Porque el mensaje no indica que esté conjugado con los otros tres. De hecho, todo sugiere que el fragmento principal cumpiría una función diferente, mientras que las tres piezas menores presentan una actividad y funciones más activas.

No podemos demostrar empíricamente todo esto —nadie puede, y quien lo afirme miente—, pero estamos haciendo un esfuerzo notable por comprenderlo desde el único lugar donde los paradigmas se pulverizan: la ciencia.

Y queda un punto pendiente: una imagen que prefiero dejar abierta para que cada uno saque sus propias conclusiones.

 

Imagen 15: Con ayuda de IA uno de los fragmentos de lo que Chintamani nos mostró en Ana o Keke.

 

Está bajo seria investigación, con resultados prometedores.

 

«Estoy convencido que bajo el Poike hay una ciudad…»

Un taxista. 

 

La Línea Poike–Rano Raraku–Rano Kau: Entre la Geología Profunda y el Misterio del Paisaje Sagrado

La alineación imposible: cuando el terreno sugiere más de lo que explica

Todo comenzó con una observación aparentemente menor: una piedra tacita situada sobre el rostro de Vai a Heva, en el Poike, se alinea con precisión sorprendente visualmente con Rano Raraku y Rano Kau. Una línea casi exacta para ser ignorada.

La geología estricta no respalda esta alineación. El Easter Hotspot Line, aunque explica el origen volcánico de la isla, opera a escalas oceánicas y no determina alineaciones internas de pocos kilómetros. No existe evidencia de un eje geológico que conecte estos tres volcanes.

Y sin embargo, la alineación está ahí. Visible. Persistente. Insistente.

Cuando la geología calla, el paisaje empieza a insinuar otra cosa.

El paisaje como código: arqueoastronomía, ritual y geometrías invisibles

Si la alineación no es geológica, queda un territorio más inquietante: el de las estructuras simbólicas, las geometrías rituales y las lecturas sagradas del territorio.

En esta clave, la secuencia Poike → Rano Raraku → Rano Kau adquiere un sentido inesperado:

  • Poike: origen, retiro interior, memoria ancestral.
  • Rano Raraku: matriz donde “nacen” los moáis, útero de piedra.
  • Rano Kau: cráter‑agua, portal del Tangata Manu, límite entre mundos.

La alineación podría ser un vector ritual, un camino energético, o incluso un eje de resonancia entre tres espacios que cumplen funciones distintas dentro de un mismo sistema.

Imagen 16: Isla De Pascua, posible alineamiento (color amarillo) Poike, Rano Raraku, Rano Kau.

Y aquí surge una pregunta inevitable:

¿Fue esta misma geometría la razón por la cual los deportados de Orión fueron encerrados precisamente en el Rano Kau?

Si el paisaje funciona como un circuito —tierra → piedra → agua—, si existe un eje que canaliza, concentra o contiene, entonces Rano Kau no sería solo un cráter: sería el extremo de un sistema diseñado para encerrar, aislar o neutralizar.

No hay pruebas definitivas. Pero la pregunta queda abierta… y pesa.

Una hipótesis abierta: entre la ciencia que no alcanza y el misterio que persiste

La geología no explica la alineación. La arqueología no la niega. La experiencia la confirma. Y el misterio la sostiene.

Si la línea Poike–Rano Raraku–Rano Kau no nace de la tierra, ¿de dónde nace? ¿Es un vestigio de un conocimiento antiguo? ¿Una coincidencia improbable? ¿Un mapa que aún no sabemos descifrar? ¿O un eje escogido deliberadamente para depositar —y mover— algo tan singular como Chintamani… y para contener algo tan peligroso como los deportados de Orión?

La ciencia ofrece límites; el paisaje ofrece preguntas. Y entre ambos, queda un espacio fértil donde lo técnico y lo místico se rozan sin anularse. Ese es, precisamente, el territorio donde esta hipótesis respira.

Imagen 17: Piedra tacita sobre Vai a Heva. ¿Marcador ancestral?

 

Conclusión preliminar

A la luz de esta versión ampliada del trabajo, el viaje a Rapa Nui deja de ser únicamente una secuencia de experiencias y pasa a configurarse como un punto de articulación entre tres niveles: el histórico–cultural, el experiencial y —ahora— el especulativo‑científico. Lo relevante es que estos niveles no aparecen desconectados, sino que se entrelazan progresivamente bajo una misma lógica narrativa que intenta explicar un fenómeno mayor.

Por un lado, se consolida una base que no puede ser ignorada: la recurrencia de símbolos asociados a una “piedra primordial”, el rol central del agua en los mitos de creación y la corrección de errores etnográficos que reordenan la lectura de Rapa Nui. Esto permite sostener que no se trata de una construcción arbitraria, sino de una reinterpretación que busca coherencia entre fuentes dispersas.

Sobre esa base, la experiencia en terreno —especialmente en puntos como Poike, Rano Raraku y Rano Kau— actúa como catalizador. Las sincronías, los relatos recibidos y las conexiones establecidas no se presentan como pruebas en sentido estricto, pero sí como indicios que, dentro del marco propuesto, mantienen una consistencia interna difícil de descartar sin más. La idea de Chintamani como “agua primigenia” comienza entonces a operar no solo como símbolo, sino como principio organizador de toda la narrativa.

El punto de inflexión aparece con la incorporación de una posible lectura desde la mecánica cuántica. La noción de fragmentos con origen común, capaces de mantenerse correlacionados, se apoya en dos modelos distintos pero complementarios: por un lado, el estado GHZ, que sugiere una unidad estricta donde el sistema completo se comporta como una sola entidad; por otro, el estado W, que introduce una variante más robusta, donde la correlación persiste incluso si uno de los elementos se pierde o deja de interactuar. Esta distinción no es menor: permite pensar que los fragmentos no solo estarían entrelazados, sino que podrían mantener coherencia parcial aun cuando uno de ellos “se desplace” o deje de ser accesible.

Esto no valida la hipótesis, pero sí la desplaza: de lo meramente inverosímil a lo especulativamente posible. Y en ese desplazamiento aparece una nueva pista relevante: si existe entrelazamiento —sea del tipo GHZ o W— debe existir intercambio de información; si existe intercambio, entonces el fenómeno no sería estático, sino dinámico y activo. Bajo esa lógica, muchas de las experiencias descritas dejan de interpretarse como eventos aislados y pasan a leerse como puntos de interacción dentro de un sistema mayor.

Ahora bien, incluso considerando esta apertura, el análisis crítico sigue siendo indispensable. Un detractor con base sólida podría argumentar que la extrapolación de conceptos como el entrelazamiento cuántico hacia sistemas macroscópicos —y más aún, hacia constructos simbólicos o experienciales— carece de sustento en la física actual. Tanto el estado GHZ como el estado W son extremadamente sensibles a la decoherencia y solo se sostienen en condiciones experimentales altamente controladas; su aplicación a escalas geográficas o culturales no tiene evidencia empírica.

Del mismo modo, la coherencia interna del relato puede explicarse como un proceso de integración narrativa donde distintos elementos —históricos, simbólicos y subjetivos— son organizados bajo una hipótesis central, sin que ello implique necesariamente una correspondencia con un fenómeno real. Las sincronías, por su parte, pueden interpretarse como sesgos cognitivos ampliamente documentados. Esto no descarta una genuina anomalía probabilística.

En consecuencia, el valor de este trabajo no está en establecer una verdad definitiva, sino en abrir una línea de investigación que se sitúa en un límite incómodo pero fértil: entre la intuición, la experiencia y la posibilidad teórica. La incorporación de modelos como GHZ y W no resuelve el enigma, pero sí eleva la discusión, obligando a preguntarse si estamos ante una construcción simbólica sofisticada o frente a un fenómeno que, por ahora, solo alcanzamos a intuir desde los bordes del conocimiento.

El próximo paso —El Miño, ya realizado— abre un nuevo tramo de esta secuencia. Lo señalado por Aimana y las nuevas anomalías probabilísticas podrían ofrecer un fundamento mucho más sólido a lo expuesto aquí.

Pero ya hablaremos de eso…

 

Equipo

 

Diego Vasta, fotografía Ahu Vinapu. Nikon D3500.

 

Joaquín Vasta, fotografía en Ahu Vinapu. Nikon D3500

 

De izquierda a derecha: Diego Vasta, Ricardo Gatica, Joaquín Vasta en Rano Raraku

 

«(…) Pasa lo mismo en el caso OVNI. De repente en un grupo, dos personas ven el OVNI y el resto no lo ve. Entonces, uno dice: por qué dos lo ven y el resto no lo ve. Si vamos a descalificar porque yo no veo caemos en una posición narcisista, ¿verdad? Como yo no lo veo, nadie lo ve. Absurdo.»

Andrés Barros
Parasicólogo

 

Autores

  • Nacido en Los Ángeles, investiga desde 2021 distintas culturas y tradiciones alrededor del mundo, viajando a distintos lugares para profundizar en mitología, simbolismo y fenómenos poco convencionales. Junto a su hermano, creó el canal Hipercubo, donde han entrevistado a figuras como Paola Harris y Ricardo González, explorando temas de contacto, historia y conocimiento ancestral.

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  • Ricardo Gatica Sanhueza

    Ingeniero informático y experto en automatización QA (Quality Assurance), ha dedicado su vida a la exploración de fenómenos aéreos no identificados.

    Desde Santiago de Chile, combina su rigurosa formación técnica con una pasión por lo desconocido. Aunque comenzó su trayectoria en grupos de contacto durante su juventud, hoy se define como un explorador crítico de estos fenómenos.

    Su enfoque profesional, alejado de las interpretaciones fantásticas, lo ha llevado a investigar tanto lugares reconocidos como otros que permanecen en las sombras.

    ¿Qué hay detrás de estos sucesos? Ricardo afirma con firmeza que una inteligencia se oculta tras el fenómeno, esperando ser comprendida.

    ¿Quieres conocer más sobre su trayectoria? Visita su biografía completa en el enlace a continuación con éste símbolo: 🔗

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